La colección cuenta con algunos ejemplos utilizados para la venta de tinta durante el siglo XIX. Poseen una gran variedad de formas y algunos tienen descansaplumas. Su terminación es bastante rústica y las imperfecciones son una constante, en especial la presencia de burbujas e impurezas y las irregularidades en la base. Son también evidentes las cicatrices que deja el molde al ser abierto. Los más comunes son los de base redonda, cuadrada, rectangular u octogonal. Su altura varía entre los seis y los ocho centímetros. Las paredes no son de un espesor constante, observándose acumulaciones de vidrio en zonas inadecuadas. Los colores van del verde oscuro hasta los transparentes; esta transparencia es la que se consigue dentro de las limitaciones del material. Los tinteros de color azul cobalto son los más preciados, especialmente los de tono más oscuro. Existen, excepcionalmente, de otros colores.
Para adherir etiquetas, algunos fabricantes dejaban caras planas. En algunos casos, se diseñaba una especie de nicho para colocar la etiqueta.
Hacia finales del siglo XIX aparecerán los frascos con descansapluma en la parte superior. Existen variedades excepcionales que incluyen insignias o iniciales en relieve.