En estos recipientes se comercializaba la tinta y también servían como tinteros para las plumas de inmersión, tanto las de ave como las metálicas.
Los envases se fueron transformando a medida que evolucionaba su fabricación, primero a partir del vidrio trabajado artesanalmente, luego el gres cerámico (más rústico y pesado, pero más barato). Por último, se volvió al vidrio, pero esta vez con una calidad superior y manufacturados con maquinaria. También se los fabricó en cartón y pasta sintética, hasta la utilización del plástico que abarató los costos de producción.
Estos pequeños envases no siempre eran descartados, también se rellenaban a partir de envases de mayor capacidad. Esto era habitual en empresas, instituciones, reparticiones públicas y colegios.
Las joyas de este apartado son las piezas de gres cerámico. Más de un centenar de tinteros de diferentes tamaños, fabricados desde mediados del siglo XIX a principios del siglo XX.
A lo largo del siglo XIX, los recipientes cerámicos se fueron introduciendo paulatinamente para comercializar la tinta y se los siguió fabricando hasta bien entrado el siglo XX. Las vasijas de cerámica para contener tinta son pequeñas con forma cilíndrica o cónica y de poca altura.
La arcilla utilizada en la fabricación de botellas de gres era de muy buena calidad e incorporaba un tipo de arena resistente al calor, al someterla a altas temperaturas se hacia muy dura, densa e impermeable.
A este tipo de cerámica se le dio un acabado conocido como vidriado a la sal, un método muy popular a mediados de 1800, que consiste en arrojar sal común a las llamas del horno en el momento en el que las piezas se encuentran en sus punto más caliente; en este proceso, el vapor de sal se adhiere a la superficie de la cerámica produciendo un revestimiento brillante de color marrón. Este procedimiento trasladado a la producción industrial fue patentado por J. Bourne & Son, como lo acreditan los sellos que figuran en muchas de las piezas que produjo esta empresa.
Si bien la mayoría de estos tinteros fueron manufacturados por los más grandes productores de cerámica de Inglaterra, como Doulton, Denby o Lovatt, muchos pequeños alfareros ingleses fabricaron estos recipientes que carecen, en general, de marcas, sellos o señales que permitan identificarlos.
Estas piezas de gres se produjeron en una gran diversidad de texturas, formas y tamaños, en su mayoría en colores terrosos pero también en variedades de blancos, reservados habitualmente para las tintas rojas.
Debido a que el envase tenía incidencia en el costo del producto, las piezas de gran tamaño permitieron abaratar el precio de la tinta. Las escuelas y las oficinas eran grandes consumidores de este fluido que se comercializaba a partir de los 250 ml. A las botellas de un litro, manufacturadas en cerámica, se las llama tinteros maestros. Se llegaron a fabricar botellones de gres que podían contener cerca de cinco litros y venían en canastos o cajas de madera para protegerlos y facilitar su manipulación.
Las botellas de vidrio fueron reemplazando a las de cerámica, a pesar de que las de gres siguieron utilizándose hasta bien entrado el siglo XX.
En la colección se encuentran envases de Stephens con sus etiquetas originales, fabricados en Inglaterra entre 1850-1860, de Bourne Denby, Lovatt & Lovatt y Doulton Lambeth, entre otras.