Los portaplumas se encuentran clasificados según los materiales utilizados para su fabricación, tanto para el cuerpo como para la virola, por el tipo de anclaje o por cualquier tipo de fantasía como el tallado, incrustaciones o engarces. Las piezas van desde los primeros portaplumas manufacturados en la segunda mitad del siglo XIX, hasta finales del siglo XX. Durante este extenso período se puede observar la evolución de estos instrumentos y, sobre todo, su simplificación a través del abaratamiento de costos, utilizando materiales más asequibles.
Los sistemas para sujetar la pluma no han tenido una evolución compleja, en realidad, parece que las empresas compitieron utilizando sistemas simples con el objetivo de ofrecer instrumentos económicos. Los más antiguos tienen un enganche llamado francés que consta de dos aletas de acero flexible, fijadas al interior de la virola con un remache, esta solución fue muy empleada por la empresa Gillott, la que ofrecía una amplia variedad de modelos. Una variante interesante aparece en algunos portaplumas ofrecidos por Koh-i-Noor Hardtmuth en la cual, la pluma se calza en una hendidura y una palanca montada en una virola superior la sujeta y, a su vez, queda oculta en el propio barril. Por su parte Soennecken creará un tipo de portaplumas con una sección trapezoidal que se adaptará a la exacta posición para tomar la pluma en la escritura de la letra redonda; en su extremo lleva un simple corte a media caña, realizado directamente sobre el cuerpo del portaplumas que, generalmente, es de madera de boj. Hay que tener presente que las plumas fabricadas por Soennecken son muy delgadas y no todas las de otras marcas encajaban sin perjudicar al portaplumas. Si bien los portaplumas se comercializaban sueltos, la empresa alemana ofreció una caja con seis portaplumas dobles con toda la línea de plumas para escritura de redonda o con línea doble que permitía utilizarlas tanto para carátulas como para cartelería.
Con el paso del tiempo y la generalización de la alfabetización, se diseñaron piezas que terminaban en un tubo que en su interior tenía cuatro pétalos flexibles para sujetar la pluma. Este sistema será reemplazado por un pequeño cilindro redondeado que dejaba espacio entre éste y el cuerpo de madera para introducir la madia caña de la pluma. No fueron tan eficientes como sus antecesores, pero como compensación, su precio fue más accesible.
La introducción de materiales plásticos aportará otras variantes, por ejemplo: el cuerpo podía ser transparente. Para ese momento, las plumas de inmersión comenzaban su retirada y este nuevo material terminó siendo el mejor aliado de los bolígrafos que, ya para la década de 1960, sustituirán a las estilográficas.
Algunos de estos portaplumas se utilizaban como obsequio y se gravaban a mano, otros se emplearon con fines publicitarios o se les estampaba el nombre de instituciones o reparticiones públicas con el objeto de evitar su robo.
Portaplumas ergonómicos de Perry & Co. a los que se llamaba ORTHODACTYLIC (ortodactílicos), denominación derivada del griego que indica la posición correcta de los dedos. Hacia finales del siglo XIX la posición en el asiento y la manera de tomar la pluma no constituian un tema menor en la enseñanza. Una buena postura y la forma correcta de tomar la pluma redundaban en una buena caligrafía, además de evitarle al escribiente invonvenientes y molestias después de largas horas de trabajo. La buena caligrafía era un recurso importante a la hora de conseguir empleo, ya fuera en una repartición pública o en una oficina privada.
A lo largo de su historia, estos simples pero eficientes instrumentos fueron fabricados en una multiplicidad de materiales pero con un único porpósito: sostener cualquier tipo de pluma.
Entre los metales empledos figuran el oro, la plata, la alpaca y el bronce, a veces bañado con metales más valiosos. Finalmente, la chapa de hierro fue el metal más utilizado. También fue común combinar el metal con distintos tipos de madera.
La madera, por su variedad de especies fue el material que permitió el mayor número de opciones, ya fuera por su dureza, por cuestiones estéticas o para abaratar costos. Tanto el boj como otras maderas duras se emplearon para la producción de piezas especiales. El cedro, por su ductilidad para ser trabajado, también fue muy utilizado. Con el tiempo se recurrió a maderas de menor calidad, las que al entrar en contacto con la tinta presentaron rajaduras y el despalzamiento de la pieza metálica que sostenía la pluma. Para subsanar este inconveniente se les adicionó un agarre de metal. Recordemos que en ésa época la durabilidad de los materiales era muy apreciada y que estos útiles de escritura pasaban, muchas veces, de una generación a otra.
Para los primeros portaplumas, producidos de manera artesanal, se empleó el marfil. Los incrementos en la demanda y el encarecimiento de este material hicieron necesaria su sustitución por materias como el asta y el hueso; también se creó un componente hecho con restos de marfil aglutinados con resina al que se llamó material noble.
De izquierda a derecha:
Dos portaplumas de hueso con perforaciones; el primero termina en un abrecartas y el agarre es de latón cromado; el segundo termina en forma de puño.
Portaplumas de marfil con agare de latón cromado y pluma con forma de mano.
Portaplumas de un material pesado, sustituto del marfil, decorado con motivos vegetales, el agarre de latón está profusamente labrado.
El celuloide, otro antecesor de los plásticos, fue inventado a mediados del siglo XIX para sustituir al marfil que se empleaba, por ejemplo, para fabricar las bolas de villar. Es un material plástico compuesto por nitrato de celulosa y su invención se le adjudica a los hermanos Hyatt, alrededor de 1870. En la industria cinematográfica se lo empleó para la fabricación de películas hasta que, en la década de 1950, fue reemplazado por el acetato.
Este material, muy utilizado en los primeros años del siglo XX fue descubierto en 1893 por el químico francés Auguste Tillat. Este nuevo plástico fue presentado en la Exposición Universal de París en 1900 y con él se fabricaron muchos objetos de estilo Art Dèco; tanto el material como el movimiento artístico fueron símbolos de modernidad en su época.
Tres portaplumas con cuerpo de galalith; elaborados en varios tramos con una combinación contrastante de color, hacen de estas piezas instrumentos llamativos para su época. Antes de la aparición de este material, las posibilidades de color aplicadas a la fabricación de este tipo de instrumentos eran escasas, por ejemplo: en el caso de las estilográficas, a lo sumo se podía manufacturar su cuerpo en un tierra rojizo, similar al lacre, pero no mucho más que esto.
Estos portaplumas de galalith fueron muy usados en juegos para escritorio, acompañados de un sello para lacre, un abrecartas y un portaminas del mismo material.
Por su fragilidad, los portaplumas de vidrio son poco prácticos ya que requieren de un cuidado especial en su utilización. En la actualidad se siguen fabricando en Murano, Venecia como recuerdo turístico.
Existen portaplumas especiales con elaborados mecanismos para proteger las plumas y permitir llevarlos en un bolsillo. Estos mecanismos van, desde simples capuchones hasta dispositivos que ocultan la pluma dentro del portaplumas y otros que lo hacen extensible.