Carboncillos cilíndricos de diferentes espesores, fabricados por Conté - París, ca. 1960.
El carboncillo es uno de los elementos más antiguos que se ha utilizado para dibujar. Básicamente es una delgada varilla de brezo, sauce u otra madera ligera que ha sido carbonizada. Permite trazos variados, trabajar el claroscuro y realizar difuminados, por esta razón es uno de los materiales preferidos en la realización de retratos. Se lo ha empleado en los bocetos previos en pinturas sobre tabla o al fresco.
Carboncillo también hace referencia a una obra terminada, muchas veces combinada con sanguina, lápiz u otros materiales.
Al igual que el carboncillo, la sanguina además de un material, constituye una técnica pictórica. Es un pigmento de óxido férrico llamado hematita, que se presenta en polvo (para ser aplicado a pincel, deluido en agua), en barras o en lápices para realizar trazos en dibujo. Puede tener distintas tonalidades, todas en la gama del rojo, desde los más anaranjados a los más violáceos.
Se la ha empleado en los dibujos preparatorios de los frescos y se convirtió en técnica de dibujo hacia finales del siglo XIV. Su luminosidad y ductilidad la hacen particularmente apropiada para estudios de retratos y desnudos.
La sanguina ha sido utilizada por muchos artistas, desde el Renacimiento hasta el Impresionismo.
El grafito es una variedad de carbono que se combina con arcilla en la fabricación de lápices.
Para dibujo artístico también se lo utiliza en barras, de base cilíndrica o cuadrada.
La cantidad de grafito utilizada en la mezcla, determina el valor de negro, por esta razón las barras o lápices con mayor concentración de grafito producen negros más oscuros y las que contienen más arcilla dan grices más claros. En general, el grafito tiende a producir un brillo metálico en la obra.